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Recuerdos de la Campus Party




Ciudad de México, 16 de noviembre, 2009. Oiga usted, que hasta entre los nerds hay niveles: si pensaba que todos eran ermitaños que usaban lentes de pasta gruesa y pantalones de pinzas hasta las tetillas, está muy equivocado. Existen los geeks -apasionados de la tecnología- y entre ellos hay gamers, videojugadores expertos. También hay mujeres nerdas, bloggeros, tuiteros, programadores y otros que se dedican a pimpear sus computadoras para que queden como salidas de la película Rápido y Furioso, con luces de neón. Todos ellos salieron del clóset el jueves pasado para juntarse en la Campus Party, la reunión definitiva de las tribus tecnológicas que -aunque tiene varias versiones en todo el mundo- es la primera vez que se realiza en nuestro país.

     El plan era sencillo: juntar a 3500 de ellos, ofrecerles una casa de campaña individual, regaderas de agua fría, menú basado en hamburguesas y nachos, café a toda hora y lo más importante, una conexión a internet de 10 gigas por segundo, cosa que ni en sueños logrará usted con la compañía del perrito. Todo lo anterior por mil pesitos per piocha ¿cree que algún geek iba a desaprovechar la oportunidad? Las inscripciones se acabaron más rápido que si regalaran tortillas. Llegaron de todos lados: desde Tabasco o Chinconcuac, hasta de Honduras y El Salvador con su computadora bajo el brazo y seis mudas de calzones.

     Durante su estancia, los campuseros no sólo se dedicaron a descargar videos y actualizar su perfil de Facebook: las actividades planeadas para ellos eran interesantísimas como el uso de nitrógeno líquido para enfriar una PC (y evitar que explote), comercializar un blog (no sólo de aire vive el nerdo), campeonatos de videojuegos, concursos de hackeo o desarrollo de software libre. Hubo unas más espectaculares que otras: un momento cumbre fue un partido de futbol con robots humanoides en el que desafortunadamente sólo se coreó un gol (aunque eso no impidió oir los cantos de "oe oe oe" y que los nerds hicieran la tradicional ola futbolera).

     Conforme pasaban los días, los discos duros de todas las computadoras se fueron llenando así como el olor del lugar ¿Se imagina lo que es tener a cientos de individuos durmiendo como en Auschwitz? Las filas para bañarse eran interminables así que muchos desistieron de hacerlo. Para el domingo los cabellos sebosos hacían su aparición y las playeras recicladas llenaban de su buqué la atmósfera del Campus. En Twitter hacían su aparición los tags #jabónnecesario #ropalimpianecesaria o #micamanecesaria. Por las noches los ronquidos (y otros sonidos corporales) se escuchaban como una sinfónica de elefantes. Enternecedor. Y mis expectativas con respecto al número de mujeres asistentes fue agradablemente superado: un 20% de campuseras, aunque para el lunes en la mañana ya no se sabía quién era quien: una prueba más de que la tecnología nos hace iguales.

     El lugar nunca durmió, a las 4 de la madrugada todavía se veían muchas computadoras prendidas con sus usuarios temblando como maracas. Nadie tomó en cuenta que el clima de esa zona es cercano al de un refrigerador: las pastillas antigripales se convirtieron en los objetos más preciados y chamarras, guantes o gorros salieron de las maletas para soportar el frío del poniente de la ciudad. Aún así, los momentos emotivos superaron con mucho las deficiencias de la organización: no había nada mejor que encontrarse al follower tuitero o al lector del blog. Los abrazos de "hermano geeko, por fin nos conocemos" eran comunes. Sentarse juntos, compu con compu, manita con manita y lanzar el reto "vamos a matar zombies en Left4dead" eran pan de cada día. Tanta confianza se generó que las laptops lucían abandonadas en las mesas, aunque para las últimas horas algunas cambiaron de dueño . Se vivió como en una comuna hippie, pero sin sexo: de hecho ni las bellas edecanes de la zona-expo pudieron hacer que los ojos nerds se apartaran de las pantallas.

     Campus Party fue una experiencia emocionante: me temo que los siguientes meses extrañaré esas pláticas sobre cómo usar código fuente correctamente sin que la sociedad me juzgue. Para rematar ahí le va un chiste común entre los geeks: "Sólo hay 10 clases de personas en el mundo: los que saben binario y los que no". Si usted se rió con esto último, nos vemos en la siguiente Campus Party. Si no, tiene un año para prepararse.


*Agradezco la ayuda de @antuaworld, @teddelcampo y @andantte, por su ayuda en el CPM. Foto: Guillermo Guerrero